Micromuseo - Bitácora

lunes, 21 de julio de 2008

LA CANTUTA: En nuestro país los muertos no descansan


Hace ya demasiados años, Juan Javier Salazar realizó un conjunto de pequeñas, frágiles láminas de madera serigráficamente impresas con la imagen de una momia andina en posición ovillada. Mallki: cadáver, feto y semilla en un solo y cargado vocablo quechua. Al costado de esa figura, con letras vibradas y casi ilegibles, la frase: "en este país los muertos no descansan".

La idea era sembrar miles de esas piezas en las huacas prehipánicas y en los botaderos de cadáveres –ese terrible neologismo con que desde los tempranos años ochenta en el Perú se alude a las impresionantes fosas comunes descubiertas entonces (Pucayacu) y ahora (Putis). Trampa para arqueólogos, trampa para periodistas y militares. Pero también y sobre todo un intento de activar latencias.

La acción, por cierto, no llegó a realizarse nunca. Queda, sin embargo, la fantasía de ese gesto, sobre la que ya en otras ocasiones me he detenido. Queda también alguna de esas piezas, conservada y expuesta por Micromuseo en diversas muestras, incluyendo aquella denominada precisamente Mallki: la exhumación simbólica en el arte peruano (Centro Cultural de San Marcos, 2002). Palabras e imágenes que ahora retomo en canto paralelo al ritual conmovedor de las exequias fúnebres que hace un par de días se ofrecieron a los restos fragmentariamente hallados de los desaparecidos de La Cantuta.

Es la sexta vez que se los exhuma y entierra. Acaso sea también la definitiva: tras la sentencia ejemplar por fin lograda sobre muchos de los culpables (aún no todos), tal vez se atisbe ya el momento en que al menos esos muertos puedan descansar. ¿En paz?

(Sobre este tema y el del atentado en Tarata pueden verse los amplios materiales recopilados en la web de Micromuseo para la actual exposición Memoria del olvido, actualmente en nuestro Paradero Habana:

http://micromuseo.org.pe/rutas/habanamemoriadelolvido/index.html).

Etiquetas: , , ,

martes, 15 de julio de 2008

MEMORIA DEL OLVIDO - HISTÓRICA EXPOSICIÓN SOBRE EL ATENTADO DE TARATA EN NUESTRO PARADERO HABANA (INAUGURACIÓN: MIÉRCOLES 16, 7:30 PM)



Este miércoles 16 de julio se cumplen también dieciséis años del coche bomba criminalmente detonado por Sendero Luminoso en la calle Tarata de Miraflores. En la misma fecha, a partir de las 7:30 de la noche y a escasas cinco cuadras de esos hechos, MICROMUSEO inaugura, en su PARADERO HABANA, una exposición histórica: el rescate y puesta en valor de los registros documentales y artísticos de aquella catástrofe realizados por Anamaría McCarthy en fotografía y por su hermano Kevin en video. Materiales impresionantes que se han mantenido inéditos, adquiriendo ahora una densidad incluso poética recogida también por el sugerente título de la muestra: Memoria del olvido.

Se trata, indiscutiblemente, de testimonios privilegiados: en uno de los edificios del jirón Tarata se encontraba el departamento que fue para Anamaría primero el hogar conyugal y luego el estudio donde inicia su conversión artística a la fotografía, tras quince años de exploraciones cerámicas. En uno de los cuartos vivía entonces su hermano Kevin, cineasta incipiente.

Gracias a un encadenamiento insólito de intuiciones, ambos lograron eludir la explosión, pero no el trauma. Aquella noche –y los siguientes días– Kevin permaneció entre los escombros, resguardando lo que pudo preservarse tras la onda expansiva y los saqueos (acaso tan devastadores como la detonación). Apenas la luz y el descontrol se lo permitieron, inició la absorción en video del estupor y el pasmo que sucedieron al terror. Poco después Anamaría hizo lo propio, con vistas fijas atravesadas no de clamor sino de melancolía.

Hay un contraste incisivo, conmovedor, entre el registro en bruto del material fílmico –jamás editado– y la poesía acallada de las fotografías, delicadamente construidas respetando la autenticidad de los fragmentos encontrados. Para la exploración de esos y otros sentidos, el catálogo de la muestra despliega un fuerte acompañamiento textual, que además del ensayo curatorial aportado por Gustavo Buntinx incluye una reflexión compleja de Salomón Lerner sobre la pertinencia del caso Tarata para la historia de nuestra violencia grande y para la praxis de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), entidad en la que sirvió como Presidente.

Con el patrocinio del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Universidad Católica (IDEHPUC) y el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), esta muestra fue precisamente concebida en el marco de las conmemoraciones por los cinco años de la entrega del Informe Final de la CVR. En el espíritu de esa publicación trascendental, lo que ahora se ofrece es la primera de dos exposiciones críticamente articuladas entre sí, como trágicamente lo estuvieron las extremidades históricas a las que cada una de ellas se vincula. Como complemento de esta muestra inicial, el próximo mes de agosto exhibiremos la documentación extensa de las intervenciones taumatúrgicas de Ricardo Wiesse en las fosas donde se pretendieron ocultar los cuerpos de los miembros de la Universidad de La Cantuta que fueron desaparecidos por los servicios de inteligencia en represalia por el atentado de Tarata. La competencia de horrores.

Partes de guerra: el título genérico de estas dos exposiciones y de las publicaciones que las acompañan puede, sin duda, entenderse en su acepción figurada. Noticias desde el frente, crónicas de trinchera. Pero también en el sentido más literal e inmediato: símbolos fragmentados de nuestra historia hecha pedazos.

Símbolos fragmentarios: las dos muestras ahora planteadas prolongan en otro sentido, más específico y puntual, varias exhibiciones previas en las que el mismo curador ensayaba exploraciones amplias de las múltiples relaciones entre arte y violencia. Exposiciones como Mallki: la exhumación simbólica en el arte peruano (2002), Carne viva (2003) y País del mañana: utopía y ruina en la guerra civil peruana (2004), realizadas todas en el Centro Cultural de San Marcos. O Lo impuro y lo contaminado: pulsiones (neo)barrocas en las rutas de Micromuseo presentada en la última Bienal de Valencia (2007).

Pero no hubo entonces, ni la hay ahora, pretensión exhaustiva alguna, sino un avance más en el rescate sistematizado de aquella porción de nuestro arte que, desafiando todo riesgo y (auto)censura, optó por significar la emoción y el momento.

Léase, tras esta intención histórica, un homenaje crítico –por continuar.

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

lunes, 14 de julio de 2008

LIKA MUTAL CONMOVIDA POR LA RECREACIÓN DE "EL OJO QUE LLORA" EN TORAYA


Lika Mutal en el vandalizado Ojo que llora del Campo de Marte, en Lima.


Comuneros indígenas ante el Ojo que llora de Toraya, Apurímac, recreado por los pobladores mismos.

Importantes repercusiones está teniendo la iniciativa simbólica de los campesinos de Toraya, una de las comunidades de Apurímac más castigadas por la violencia política reciente. Ellos han objetualizado la evocación de sus propias víctimas en ese conflicto con una creación monumental explícitamente inspirada en El ojo que llora, , el impresionante memorial del Campo de Marte diseñado por Lika Mutal y vandalizado por una turba de fujimoristas.

Además de nuestra bitácora, una cadena de correos electrónicos y medios de gran envergadura como El Comercio le han dado cobertura al tema, despertando reacciones diversas. Al respecto, algunos han expresado su preocupación por posibles infracciones a los derechos de autor que la escultora podría reclamar. La actitud de Mutal, sin embargo, es muy otra: en conversaciones recientes ella me ha manifestado su conmovida sensación de agradecimiento por lo que considera no sólo un honor sino fundamentalmente una actualización vital del concepto mismo de su propuesta.

Por su propia naturaleza, social y espiritual, el aura de El ojo que llora se vería no degradada sino completada con la recreación de las formas y sentidos de ese memorial en toda la geografía de la violencia en nuestro país. Incluyendo, por cierto, las transformaciones inevitables que eso implicaría para el diseño original, en un proceso fecundo de adaptaciones a sensibilidades y necesidades múltiples.

Al respecto, dos indicios son especialmente alentadores para la artífice. La compleja inteligencia formal que le ha permitido a los comuneros de Toraya entender y evidenciar la vulnerabilidad de la piedra. Y la profundidad de una relación cotidiana con lo simbólico que se manifiesta en la decisión de inaugurar el monumento en el contexto de una feria agropecuaria.

La vida que se renueva.

Etiquetas: , , , ,

sábado, 12 de julio de 2008

EL OJO QUE LLORA EN APURÍMAC



Una noticia conmovedora: se acaba de inaugurar en Toraya, Apurímac, un sentido memorial a las víctimas de la violencia política, inspirado en El ojo que llora, , realizado por Lika Mutal en el Campo de Marte. Como se recuerda, esa obra de arte público –una de las más importantes de América Latina– fue hace unos meses vandalizada por grupos fujimoristas de vocación fascista. Un acto de barbarie pura al que ahora responde con dignidad ejemplar la recuperación de esta propuesta por los propios campesinos de las zonas más castigadas por la guerra. Una conmovedora socialización del hecho artístico. Y de la historia.

A continuación el elocuente relato que Rosario Narváez (vinculada a la Asociación Pro Derechos Humanos) hace de las circunstancias que dieron lugar a esta impresionante iniciativa.

"El año pasado CDH, organización defensora de los derechos humanos con sede en Abancay, organizó una pasantía en Lima para jóvenes líderes campesinos de Apurímac en la que conocieron diversas experiencias. Como parte de ella los recibimos en el memorial El ojo que llora en donde compartimos un momento de intercambio muy enriquecedor para todos. Muchos de ellos quedaron impresionados con el memorial y entusiasmados con hacer algo semejante. Nos hizo gracia escucharlos decir "tenemos piedras por montones para hacerlo igualito". Así como verlos tomar tantas fotos.

Hace unos meses los dirigentes de AVCAINET, organización de afectados de Toraya, visitaron nuestra oficina de Abancay pidiendo nuestro apoyo para la realización de un acto simbólico en Llinque: la inauguración de su propio memorial El Ojo que Llora y la realización de una feria agropecuaria por la dignidad de las víctimas de Llinque.

Toraya es un distrito cuyos líderes son muy activos y en los últimos años se ha distinguido por sus actividades a favor de la reparación de las víctimas de Toraya promoviendo actividades a nivel de Aymaraes y la región. Han tenido varias resoluciones municipales sobre el tema y apoyaron activamente la implementación del registro de víctimas en todo el distrito".